Los ángeles también tienen cola

Conocí a Olivia en una época de muchos cambios, recién casada, recién mudada a un país nuevo, con nuevos amigos, nuevas costumbres... El principio no fue muy agradable, ella siempre allí en la entrada de su casa dispuesta a espantar con su actitud a todo aquel que pasara por la vereda. Verla era toda una contradicción, tan agresiva y distante, y al mismo tiempo tan cariñosa y amable con sus conocidos, podías ver el amor que tenía hacia los demás. Ganarme su confianza fue todo un desafío, día tras día saludarla con cariño pero sin presionarla, no quería forzar su amistad; la constancia fue la clave, fue el arma para vencer la primera batalla: el miedo.

De a poco fui acercándome, hasta donde sus dientes me dejaran, después vinieron las demostraciones de cariño, así que de tanto en tanto le dejaba agua y a veces comida. Honestamente para no tener casa tenía un paladar caprichoso.

Una noche fría y lluviosa de principios de invierno, la encontramos en la puerta de casa, toda fría y húmeda, y sin pensarlo la hicimos entrar. Tomamos una remesa vieja y la secamos; juntamos toallas y remeras para hacerle una cucha junto a calefacción... así fue nuestra primera de muchas noches juntos. Al principio parecía un romance escondido, apenas amanecía, antes que todos en casa despertaran, nos pedía salir; y en la noche no nos podíamos dormir hasta que ella se asomara a nuestra ventana susurrando para que le abriéramos la puerta. Pero el amor y cariño fue en aumento y pronto nos acoplamos como familia. 

Se hicieron habituales las salidas y caminatas, nunca hizo falta correa, sonara cursi pero el amor era más fuerte. Me acompañaba hasta la parada y esperaba a que me fuera en el bondi con la convicción en su mirada que más tarde volvería y un "que tengas un buen día" que me acompañaba en la jornada. Recuerdo especialmente sonar mis llaves a media calle y escucharla ladrar de emoción. Olivia ya era parte de nuestras conversaciones, nuestros familiares preguntaban por ella cada vez que hablamos por skype, formo parte de nuestros posteos en instagram, comiendo chori en la entrada de la reserva, bañándola en el patio de la casa, comprando en el Easy o simplemente comprando en macdonalds por el auto mac para no dejarla afuera (si a pie los tres caminando por el auto mac haciendo el pedido)...

Llego el momento de mudarnos y el dilema si Olivia sería capaz de irse con nosotros, y es que Oli no solo era de nosotros, era de toda la calle, con el tiempo nos enteramos que dormía en distintas casas, su corazón fue tan grande que varias familias cabíamos en el. Ya en casa nueva planeamos cómo ir incorporándola a un nuevo barrio y si sería bueno para ella; pensamos en traerla los fines de semana, como una custodia compartida, para que el cambio no fuera tan brusco. Pero las veces que fuimos a buscarla no la encontramos, seguro estaba con otra familia. 

Y llegó el día, la tristeza vino con un mensaje de texto, nuestro mayor miedo se hizo relidad, Oli ya no estaba más, salio corriendo y el chofer no logró frenar. Desde ese día entendí que a veces los ángeles tiene cola, porque eso fue Oli para nosotros un ángel que nos llenó de amor.

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